¿POR QUÉ VALORAMOS A CRISTO?

En Iglesia Providencia de Cristo queremos ser claros acerca de quiénes somos y qué valoramos. No queremos ser definidos primero por programas, estilos, preferencias o metas institucionales. Queremos ser una iglesia definida por Cristo. Por eso, cuando hablamos de nuestros valores, comenzamos aquí: Cristo. Pero decir que valoramos a Cristo no debe convertirse en una frase religiosa vacía. Colosenses 1:15–20 nos muestra que lo que Cristo es y lo que Cristo hizo demanda que Cristo tenga el primer lugar en todo.
Pablo escribe a una iglesia que enfrentaba un peligro sutil. No era simplemente una presión para abandonar a Cristo, sino para tratarlo como importante pero no suficiente. El mensaje era: Cristo sí, pero también necesitas algo más. Cristo más ciertas prácticas, experiencias superiores o mediadores espirituales. Pero Pablo levanta nuestros ojos para mostrarnos que Cristo no es una pieza más dentro de un sistema religioso. Él es el centro, la fuente, el Sustentador, el Redentor y la meta de todas las cosas. Cristo no es solamente prominente; Cristo es preeminente.
Primero, valoramos a Cristo por quien Él es. Pablo dice que Cristo “es la imagen del Dios invisible” (Col. 1:15). Esto significa que si queremos conocer verdaderamente a Dios, debemos mirar a Cristo. En Él, el Dios invisible se ha dado a conocer de manera perfecta y visible. Su compasión, santidad, autoridad, ternura, justicia y poder se revelan plenamente en el Hijo. Cristo no es una copia inferior de Dios ni una criatura exaltada. Él es Dios el Hijo hecho hombre para darse a conocer y salvarnos.
Pablo también dice que Cristo es “el primogénito de toda creación” (Col. 1:15). Esto no significa que Cristo fue creado, sino que Él tiene el rango supremo, el derecho de herencia y la autoridad soberana sobre todo lo creado. El versículo siguiente lo aclara: “en Él fueron creadas todas las cosas… todo ha sido creado por medio de Él y para Él” (Col. 1:16). Nosotros somos creación. Cristo es el Creador. Nuestro cuerpo, nuestra familia, nuestro dinero, nuestra agenda, nuestros dones y nuestros deseos le pertenecen a Él. El Señor no se merece el rincón religioso dentro de nuestra vida. Él merece el trono.
Segundo, valoramos a Cristo porque Él sostiene todo. Pablo dice que Cristo “es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen” (Col. 1:17). Cristo no creó el universo para luego alejarse de él. Él sostiene activamente todo lo que existe. Tu respiración, tu próximo latido, la tierra debajo de tus pies y cada segundo de vida que recibes dependen de Su poder. Esto nos humilla profundamente. No somos autónomos. No nos sostenemos a nosotros mismos. Cada día de vida es misericordia recibida del Cristo que sostiene todas las cosas.
Tercero, valoramos a Cristo por lo que Él hizo para reconciliarnos con Dios. Pablo dice que Cristo es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia (Col. 1:18). La iglesia no es un club religioso ni una organización social con canciones. La iglesia es el cuerpo de Cristo, comprada por Su sangre y dirigida por Su Palabra. También dice que Cristo es “el primogénito de entre los muertos” (Col. 1:18), porque Su resurrección es el comienzo de una nueva creación. Nuestra esperanza no es simplemente morir e ir al cielo, sino que Cristo murió por nuestros pecados, resucitó corporalmente, reina ahora mismo y volverá para levantar a Su pueblo con cuerpos glorificados.
La gloria del evangelio está en que este Cristo supremo hizo la paz “por medio de la sangre de Su cruz” (Col. 1:20). Dios no ignoró el pecado ni rebajó Su justicia. Cristo cargó con nuestra culpa para reconciliarnos con Dios. Por eso, valorar a Cristo no significa admirarlo de lejos. Significa rendirnos a Él, arrepentirnos de nuestro pecado, confiar en Su sangre y adorarlo como Señor. Cristo merece el primer lugar en todo porque Él es Dios, Él creó todo, Él sostiene todo, Él murió por pecadores y Él resucitó como Rey. En todo, Cristo primero.
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